domingo, 3 de junio de 2007

2.- GUARDIANES DEL VALLE


Capítulo 2: Surge la oscuridad
Como todas las noches sobre el valle de Caracas, las luces de grandes avenidas y autopistas dibujaban ríos de luz. Hay zonas muy brillantes donde se agolpan multitudes, también existen áreas muy oscuras y allí deambulan toda clase de seres inimaginables.
En las alturas de la montaña de El Ávila, se asoman muchas caras de expectantes ojos mirando hacia la ciudad; algunos buscan en la distancia el espectáculo que los hará brillar de emoción: violencia, crueldad, sufrimiento. Son ojos de duendes oscuros, disfrutan las tragedias de los humanos y cuando está en su poder las precipitan.
Hay también otras caras, muy preocupadas; también tratan de intervenir y atenuar, si pueden, los trágicos desenlaces. No está en el poder de los vigilantes duendes, detener a los depredadores de la noche; se mantienen cerca de ellos a fin de disminuir la fuerza de su maldad.
Desde que aparecieron los primeros seres humanos en el valle, día y noche se celebra este torneo de fuerzas opuestas. Cuando los entes oscuros bajan a la ciudad, son seguidos de cerca. Parecen jugadores de fútbol marcados por el equipo contrario. Los del bien hacen esfuerzos para advertir a las personas del peligro que se avecina; algunas atienden el aviso, otras no les interesa y se sumergen más en la función que divierte y llena de energía a los malignos.
Los más poderosos depredadores de la noche han ido adquiriendo aspecto de bestias formidables: unos vuelan, otros saltan de una azotea a otra, muchos se arrastran furtivamente por las cunetas de calles y autopistas. Unos pocos son muy grandes, tan altos como postes de electricidad, la mayoría son pequeños, como ratas veloces y saltarinas.
Siguen a los delincuentes y desalmados, saben que ellos les proporcionaran un buen espectáculo. Los que tienen el tamaño adecuado, se trepan en los vehículos; los más grandes se apostan inmóviles, agazapados en las azoteas de los edificios más altos, y así obtienen un puesto de primera fila. Les atrae las multitudes, saben que ellas fácilmente pueden perder el control y hacen todo lo posible para que esto ocurra.
Ya adentrada la noche, el duende oscuro se encogió sobre si mismo, una corriente de aire lo levantó, salió flotando hacia el valle como una negra y vacía bolsa plástica de basura, arrastrada por el viento. Ascendió sin hacer ruido y se hizo casi invisible sobre el negro fondo del cielo.
Ella también se transformó, en un pequeño pájaro verde de los que abundan en la montaña, y emprendió el vuelo tras la informe masa negra que se alejaba.

1 comentario:

Araya dijo...

Estoy en real suspenso, please :)